martes, 10 de julio de 2012

El hombre que tuteaba al diablo


Lo acusaron de mantener distendidas tertulias con Belcebú.


X.M. Lema

Sucedió en Santiago en 1579.

Dos años antes, en 1577, María Rodrígues era quemada en la hoguera por acusaciones similares de bujería y otras hierbas. Se convertía en ceniza en Braga.


El compostelano Pedro Sánchez Ciego tuvo mejor suerte pero también mucha fama. Según recoge Bernardo Barreiro se trataba “de un timador religioso que hablaba con los ángeles y con el demonio”.

Lo denunciaron por hechicero y la Santa Inquisición actuó con inmediatez. Según las confesiones de la época conversaba con toda confianza con Belcebú. Tenía un surtido catálogo de servicios, desde cálculos astrológicos o cabalísticos hasta exorcismos. En su proceso se cuenta que llegó a “rebautizar” a un niño enfermo, porque el origen de todos sus males estaba en una mala práctica de su párroco. 


Pedía unos reales y iniciaba un ritual basado en una presunta conversación con el príncipe del mal.

Fue encarcelado, avergonzado públicamente, renunció del diablo delante de la Catedral de Santiago de Compostela, y recibió cien azotes. A pesar de varios testimonios en su contra  que lo tildaban de embustero,corrió mejor suerte que otros ajusticiados.

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